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miércoles, 25 de enero de 2017

Descubriendo el Regionalismo: Casa Lissen



Existen en Sevilla una serie de edificios que nos hablan de un rico pasado en el que la abundancia se paseaba señorial por la ciudad. Iglesias, palacios y conventos son testigos de épocas en las que Sevilla fue una de las urbes más importantes de Europa. A veces cuesta encontrar esos edificios, algunos han desaparecido y sólo tenemos fotografías en blanco y negro como recuerdo, otros siguen en el mismo lugar, pero ocultos a la ciudadanía que pasa ante sus puertas sin saber la joya que se esconde en su interior.




Es el caso de la Casa Lissen, que se abre a las calles San Andrés y Cervantes, en pleno centro de la ciudad. Actualmente acoge una delegación provincial de la Consejería de Fomento y Vivienda, pero cuando fue construida llegó a ser reconocida como el mejor palacio de la ciudad, sólo superado en opulencia por el desaparecido de Miguel Sánchez Dalp en la plaza del Duque. Ambas residencias nos hablan de una rica burguesía que tiene los medios para levantar historicistas palacios que nada tenían que envidiar a los de la nobleza. Mientras que en Cataluña el Modernismo se convierte en el vehículo de propaganda de la alta burguesía, en Sevilla se hará lo propio con el Regionalismo, recogiendo toda una herencia arquitectónica centenaria.



La Casa Lissen fue encargada por José Julio Lissen Hidalgo al arquitecto José Espiau y Muñoz. En realidad se trata de la remodelación de una residencia ya existente, pero el resultado es prácticamente un palacio de nueva planta. Lissen, enriquecido gracias al comercio de aceite a principios del siglo XX, le dio completa libertad al arquitecto para que dejara volar su imaginación. Espiau reproduce en este edificio entre 1918 y 1919 los mismos modelos que aplicaría en el Hotel Alfonso XIII, pero a menor escala. La fachada ya nos deja entrever lo que nos podemos encontrar en el interior, pero sólo en algunos detalles, ya que en general es bastante sencilla en comparación con los salones que conforman la casa. Azulejería y forja dan personalidad a una fachada dividida en tres plantas, la principal, el piso noble y una tercera planta para el servicio.



Tras acceder por la portada principal, un lujoso vestíbulo da la bienvenida al visitante. El espacio se distribuye en tres naves separadas por columnas y arcos decorados con pinturas murales y azulejos. En el techo, un magnífico artesonado de tradición renacentista. Julio Lissen empleó todos sus ahorros en la construcción de su palacio, arruinándose poco después. Su viuda no tuvo más remedio que malvender el palacio, que quedó en manos de una comunidad religiosa, transformándose en convento. El espacio del vestíbulo, con su curiosa distribución, se destinó a capilla de la comunidad, aprovechando las tres naves como lugar de oración.







El vestíbulo da paso al patio principal de la casa. De nuevo nos encontramos con un derroche de la mejor arquitectura regionalista. Se toman como modelo los grandes palacios sevillanos, los Reales Alcázares y la Casa de Pilatos. Yeserías, artesonados, pinturas, forja... lo mejor de la artesanía al servicio de una vivienda particular.





Los artesonados, todos diferentes, son una auténtica maravilla.



Al igual que la forja que cierra puertas y ventanas.



La azulejería en los techos no puede faltar, en clara referencia a las cubiertas del siglo XVII.





El patio comunica todas las dependencias de la casa. A él se abre la portentosa escalera que asciende a la segunda planta y a él dan los diferentes salones del palacio. Uno de ellos tiene un interesante zócalo de madera decorado con hojas de acanto, la cubierta es otro espectacular artesonado.





Seguimos en la planta baja, donde nos encontramos el comedor de verano. Era usual en este tipo de viviendas contar con una duplicidad de estancias que se utilizaban en función de la época del año. La planta de abajo se reservaba para los meses de más calor y la superior, que se calienta mejor con los rayos del sol, se utilizaba en invierno. Esta cristalera da acceso al comedor de verano.



El comedor dispone de una exedra que se abre al jardín del edificio, hoy muy reducido.



Nuevos y espectaculares artesonados cubren la estancia.





Si el vestíbulo fue creado para deslumbrar al visitante, la escalera cumple esa misma función. Diseñada en tres tramos con balaustrada de mármol, las paredes están literalmente forradas de azulejería donde priman el amarillo y el azul. Querubines, angelotes y toda clase de personajes mitológicos danzan en los diferentes paños de azulejos, sosteniendo frutos y cartelas con bustos de los dueños del palacio.





Una cubierta con tonos dorados remata el conjunto.







No pueden faltar las vidrieras para iluminar la escalera. Todo calculado hasta el último detalle.





Ya en la planta superior las galerías del patio vuelven a cubrirse con ricos artesonados.













Del primitivo palacio se han conservado algunas de las estancias, otras se han perdido con el paso del tiempo. En esta planta noble nos encontramos estancias tan interesantes como el Salón de fumar, cubierto con una bella bóveda y cuyas puertas están ricamente decoradas.





O el Salón de Baile, una estancia que no podía faltar en una residencia de estas características en la que las grandes fiestas servían para que la alta sociedad se relacionase.











Por último llegamos al comedor de invierno, con una estructura prácticamente igual al que vimos en la planta inferior. De nuevo una exedra se abre hacia el jardín con amplios ventanales que iluminan la estancia.





No puede faltar en este salón una chimenea, decorada con relieves de madera y un artesonado.





La madera es precisamente el elemento principal de este salón, un material que no sólo encontramos en la chimenea, también en el artesonado y en los zócalos.



Como detalle nos encontramos esta bella forma de cubrir los radiadores con caprichosa forja.



Sin duda uno de los edificios más interesantes y bellos de la ciudad, testigo de una época en la que las buenas expectativas de la Exposición Iberoamericana fomentaron la monumentalización de la ciudad gracias al dinero que movió el evento. El Regionalismo ha sido desde entonces, la mejor carta de presentación de la ciudad, un estilo al que estamos acostumbrados a ver en fachadas pero que gracias a la Casa Lissen, vemos también aplicado a lujosos interiores.

Gracias a los que han hecho posible esta visita.



>> Esta entrada se publicó en Cultura de Sevilla por primera vez el 16 de mayo de 2009

14 comentarios:

Anónimo dijo...

SERÍA UN ACIERTO PODER VISITAR ESTE EDIFICIO AUNQUE FUERA EN GRUPOS REDUCIDOS DE PERSONAS Y EN HORARIOS QUE NO ENTORPEZCAN A LOS QUE ALLI TRABAJAN.
SALUDOS

Juan Fco. dijo...

Maravillado con los artesonados.

gsus dijo...

Simplemente impresionante. Me da cierta rabia que estos edificios esten todos "pillados" por la junta en vez de tener un uso mas cultural, pero es cierto que si no fuera asi quiza estuviera abandonado. Una autentica joya sevillana. Muchas gracias por el reportaje

el pasado de sevilla dijo...

yo conocí este edificio siendo convento y es una verdadera maravilla, eso si, como bien apuntas, el palacio de sanchez dalp era la máxima expresión de lo que define a un palacio, pero voy aun algo mas lejos y apostaría, ojo, yo no lo conocí como si lo conoció mi abuelo, y diría que el desaparecido HOTEL MADRID, no se quedaba cojo ni mucho menos junto a este maravilloso palacio, tanto en artesonados como en azulejos y forja.

Sin duda alguna los palacios de sanchez dalp o palomares hubieran cumplido un perfecto encuadre como edificio de administración publica hoy en dia, pero la pela y la incultura los llevo a su derribo.

una vez mas, felicidades por tu trabajo.

Alfonso dijo...

Magnífico post, sí señor, muy ilustrado con buenas fotos y documentando lo que se enseña.

Muchas veces he pasado por la puerta y ni se me ocurriría pensar en lo que había dentro. Lo llegué a conocer como convento, cuando una monjita le cantaba a la Virgen de Montesión al regreso a su templo.

Suscribo que este edificio debe ser abierto al público en visitas guiadas, en horarios que no estorben. Máxime siendo sostenido con fondos públicos. Tampoco sería el único de la Junta de Andalucía que se enseñe.

Anónimo dijo...

Fantástica la casa, aquí en San Juan de Aznalfarache, estuvieron los almacenes de aceitunas de la familia Lissén, donde trabajaron muchas personas del pueblo y aún quedan algunos que llevan todavía este apellido. Sería estupendo poder visitarlo.

Culturadesevilla dijo...

Me alegro de que os esté gustando tanto el post. La verdad es que desde que conocí el edificio hace varios años, tenía muchas ganas de hacer un reportaje de este tipo y ha sido toda una suerte que me permitan hacerlo ya que normalmente, por temas de seguridad, no se pueden hacer fotografías en edificios oficiales.

Coincido con vosotros en que es una pena que edificios como éste o la Casa de la Contratación (entre muchos otros) estén cerrados al público. Es cierto que gracias a su uso administrativo se conservan y mantienen pero no estaría mal que por las tardes, cuando cesa el horario laboral, se pudieran llevar a cabo visitas para conocerlos.

Saludos!

juaqui dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Toni Marco dijo...

Buenísimo artículo, qué lástima que como siempre, la Admon. Pública se reserva los mejores edificios en lugar de cederlos a la ciudadanía!

Alfonso Cabello dijo...

¡Qué pasada!
Ayer justo me metí por la puerta, pero claro, estos edificios los tienen "secuestrados" :(

Gabriel Maestre dijo...

Voy a dar una nota un poco discordante... Es verdad que es un edificio hermoso, y a mí me encanta el regionalismo, pero veo el estilo del edificio poco original dentro de esta corriente, y como que muestra más que otros una forma de hacer casas que recicla elementos del pasado sevillano sin aportar nada nuevo (como sin embargo hace el modernismo). Lo curioso es que no me parece mal que el regionalismo recicle el pasado de la ciudad, pero otros edificios regionalistas me parecen más originales, con más personalidad. Y desde luego que es bueno que se aproveche para la administración, tanto patrimonio como tenemos no podría conservarse sólo como casas-museo, no habría recursos suficientes. Precisamente creo que la administración no debería construír edificios nuevos mientras pueda rehabilitar patrimonio y usarlo para sus necesidades. Eso sí, lo de poder hacer visitas me parece muy bien. Gracias y un saludo a todos.

Sergio Sánchez dijo...

Qué maravilla, es un museo del Regionalismo! Igualito que los edificios que se hacen hoy en día... ya no importa la belleza..

Es una pena que se haya perdido el típico patio sevillano y ya no se utilicen los azulejos o la forja para decorar, es parte de nuestra tradición y deberíamos recuperarla. Se podrían hacer buenos diseños modernos pero utilizando los materiales que hemos utilizado durante siglos.

Un saludo.

Trilogías dijo...

Sergio, una vez más gracias por tu post pero me atrevería a sugerirte algo. ¿Sería mucho pedir, que cuando hablas de un sitio como este, al menos desconocido para mí, pusieras la localización en google maps? Muchas gracias y enhorabuena

Sergio Harillo dijo...

Trilogías, en este caso en concreto el edificio está justo detrás de la iglesia de San Andrés, tiene fachada a las calles San Andrés y Cervantes, en pleno centro histórico.

¡Saludos y gracias a todos por vuestros comentarios!