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jueves, 11 de septiembre de 2014

Tras las huellas de Hispalis (IV): el edificio de la calle Segovias


Cuando los sevillanos del Quinientos tallaron en las fachadas de las nuevas Casas Consistoriales las siglas S.P.Q.HIS (Senatus Populusque Hispalensis; el Senado y el Pueblo de Hispalis) querían rememorar el glorioso pasado de la ciudad romana, aquella que fundara Hércules y amurallara Julio César. Lo que no podían imaginar los sevillanos de entonces es que cinco siglos después, poco más íbamos a conocer sobre una de las principales ciudades de Hispania. Entre lo que se ha destruido, lo que no se ha estudiado y lo que no se ha dado a conocer, apenas tenemos algunos detalles de cómo pudo ser la ciudad romana y dónde estuvieron sus principales monumentos.



El corazón de la ciudad romana estaba en torno a las actuales calles Mármoles, Abades, Segovias y Argote de Molina con una zona portuaria de gran importancia en las inmediaciones de la Puerta de Jerez. Han aparecido restos romanos en la avenida de Roma (totalmente destruidos) y en el Patio de Banderas pero sin duda la zona del Palacio Arzobispal es la que conserva una mayor espectacularidad. Bajo este edificio, así como en diferentes casas cercanas hay constancia de una serie de galerías subterráneas y restos arqueológicos que se remontarían a época romana y que formarían parte de un gran barrio asociado a la actividad portuaria. El testigo más evidente son los restos conservados en el actual Hotel Los Seises, de la cadena Fontecruz, que antaño formó parte del propio Palacio Arzobispal.

Opus tessellatum con escena de pesca como fondo de una fuente

Los restos, bastante mermados, conservan algunos mosaicos con motivos acuáticos y distintos pilares y muros de un gran edificio en el que se ha documentado "una piscina revestida con opus signinum, a su vez recubierto de un estuco azul intenso" (Daniel González Acuña, 2011) que recibiría el agua de una pequeña fuente decorada con un opus tessellatum en su fondo que ha ayudado a fechar todo el conjunto, ya que este tipo de mosaicos se pusieron de moda entre mediados del siglo II y comienzos del III, sobre todo en el norte de África. A pesar de la ausencia de pavimentos y muros, se presupone que esta gran sala estaría pavimentada con losas de mármol de las que se conserva su impronta y que se colocarían sobre el opus signinum, utilizado como aislante.


A pesar de que siempre se han relacionado estos restos con unas termas, la documentación existente no permite asegurar al cien por cien esta hipótesis, ya que no ha aparecido el complejo entramado subterráneo que permitía mantener la temperatura de las piscinas por medio de hornos y galerías. Los restos podrían haber pertenecido a un edificio monumental de carácter público, pero no necesariamente unas termas, algo que sí se pudo constatar en el caso del yacimiento de la Cuesta del Rosario.


El edificio habría estado en uso desde el siglo II d.C., fecha en la que se lleva a cabo esta remodelación, hasta principios del siglo VI, ya en época visigoda. Posteriormente sus restos serían reaprovechados en construcciones posteriores y sobre ellos se construiría un primer edificio residencial, remodelado en el siglo XVI (fecha a la que pertenecen algunas estancias del hotel) que finalmente quedaría asociado al Palacio Arzobispal. A día de hoy los restos se encuentran en el salón de celebraciones del hotel y aunque no están abiertos al público normalmente, suponen un importante testigo de la Sevilla romana.


Fuente y documentación: 'Forma Urbis Hispalensis', Daniel González Acuña (2011)
Imágenes realizadas por Cultura de Sevilla

2 comentarios:

Luis Hernández dijo...

Gracias Sergio por las fotos, un día entré en el hotel pero no pude ver mucho.

Excelente el libro de González Acuña.

Saludos,

Luis Hernández.

Sergio Harillo dijo...

De nada, llevaba tiempo queriendo hacer este reportaje, de hecho las fotos las hice hace años, pero no encontraba información sobre los restos hasta que di con este magnífico libro.

¡Un saludo!