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domingo, 11 de enero de 2015

Munigua, la colina sagrada

Contrafuertes del Santuario de Munigua

No tenía ni diez años de edad cuando mi abuelo me llevó por primera vez a Munigua, o como lo llamaba él, 'el Castillo de Mulva'. Desde entonces, fueron varios los viajes a través de fincas, encinas y alcornoques en los que lo acompañé a la antigua ciudad romana por motivos de trabajo. Mi principal objetivo cuando llegábamos a Mulva en aquellos años era subir hasta arriba del todo para contemplar el paisaje a un lado y las ruinas de la ciudad al otro. Imagino que jugar entre templos romanos cuando apenas tienes diez años influye de alguna manera en tu amor posterior hacia el patrimonio y las culturas antiguas. Veinte años después he podido regresar a Munigua, esta vez con mayores conocimientos histórico artísticos, pero con la misma emoción que cuando correteaba por las diferentes plataformas que componen la ciudad.


Restos de la muralla de Munigua

Lo primero que hay que decir es que llegar a Munigua no es fácil. Hay dos opciones, o en coche o en tren, pero en ambas tienes que caminar durante varios kilómetros para poder llegar a las ruinas, que se encuentran en una finca privada. Su condición de Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional desde 1931 obligan a que esté abierta al público, pero hay que llevar un calzado cómodo y sobre todo escoger muy bien la época del año para no sufrir los efectos del sol. Si vas en tren puedes bajarte en la estación de Villanueva del Río y Minas (línea de Cercanías C3) y seguir el 'Cordel del Pedroso' hasta las puertas de la finca donde se encuentra Munigua. La otra opción es bajarte en la siguiente 'estación', Arenillas, de la que apenas quedan unas piedras, pero que está junto a la puerta de la finca. Nosotros elegimos la primera opción y en total anduvimos unos 25 kilómetros entre la ida y la vuelta (unas dos horas por trayecto), si te bajas en Arenillas, en media hora caminando a buen paso llegas a las ruinas. El horario es un tema a tener en cuenta, el yacimiento abre de 10 a 14 de miércoles a domingo, siendo la última hora de acceso a las 13:30 horas. Una vez cerrado tienes media hora para regresar a la estación de Arenillas ya que a las 14:30 se cierran las puertas de la finca.

Panorámica de la ciudad de Munigua. Zona residencial

Munigua es, sencillamente, espectacular. Su ubicación, en plena Sierra Morena, sus vistas, su ordenado urbanismo y su estado de conservación hacen de esta antigua ciudad romana una joya arqueológica que todo amante de la historia y de la arqueología debería conocer. Los antecedentes de Munigua se remontan al siglo IV a.C. cuando ya era un enclave minero dedicado a la explotación del hierro, pero su gran esplendor llegará con los romanos, sobre todo a partir de que el emperador Vespasiano (69-79 d.C.) le concediese el rango de Municipio, como queda reflejado en la placa de bronce conservada y donde aparece el nombre de la ciudad 'Municipio Flavio Muniguense'. Durante la primera centuria de nuestra era se acomete un ambicioso plan de reurbanización de la ciudad que toma como ejemplo modelos helenísticos, reconstruyendo la ciudad en terrazas al abrigo del principal edificio del municipio, el Santuario, que corona esta colina sagrada y que toma como referente santuarios de la región del Lacio, en Italia, como los de Hércules en Tívoli o el dedicado a la diosa Fortuna, en Praeneste. La peculiaridad de estos edificios es su construcción en diferentes niveles en altura comunicados por rampas o escalinatas, una arquitectura muy escenográfica que en Munigua alcanza una gran espectacularidad al contemplarse toda la ciudad desde el santuario.

Red de distribución de aguas junto a las termas

El cuidado urbanismo de la ciudad y su monumentalidad dan una idea de la importancia y riqueza que alcanzó Munigua durante los siglos I al III d.C. Se trata de una ciudad clásica en miniatura que conserva sus principales elementos característicos pero con un nivel de desarrollo y grandeza comparables a otras grandes urbes de Hispania. El comercio del hierro, unido quizás a la importancia geográfica del Santuario, lograron un rápido desarrollo de la ciudad, que tal vez se convirtiera en un importante núcleo de peregrinación. Sólo hay que pensar en los oráculos griegos como el de Delfos, o ya en la actualidad en los santuarios de Lourdes o de la Virgen del Rocío, para comprender lo beneficioso que puede llegar a ser desde el punto de vista económico contar con un centro de peregrinación importante. Quizás el cambio religioso del siglo IV y el declive del propio Imperio fueron las causas del progresivo abandono de la ciudad entre los siglos V y VI de nuestra Era.

Termas de Munigua

En la parte inferior de la ciudad nos encontramos con las termas, donde se conserva el complejo entramado de conducciones subterráneas que lograban mantener la temperatura de las diferentes salas. Al carecer de baños propios, los romanos no tenían más remedio que hacer uso de las termas, un elemento fundamental de las ciudades romanas donde además de asearse, se dirimían cuestiones de vital trascendencia para el gobierno de ciudades e imperios. Las termas eran un lugar de reunión donde además de los propios baños había jardines, bibliotecas y gimnasios.


En las termas de Munigua se conservan varias estancias decoradas con estucos y pinturas, elementos que normalmente se han perdido (salvo honrosas excepciones como en Pompeya) por lo que cobran una mayor relevancia en esta ciudad, al mostrarnos, a pequeña escala, cómo eran estos edificios y lo ricamente ornamentados que estaban. A día de hoy sólo se ha excavado una pequeña parte de la ciudad, la más monumental, pero se conoce el perímetro exacto de la misma gracias a la localización de las murallas. Por sus reducidas dimensiones, es posible que éstas fueran las únicas termas de la ciudad, pero teniendo en cuenta que podría haber sido un centro de peregrinación importante, quizás éstas termas fuesen las más monumentales y la ciudad contase con otros baños destinados al resto de la población, como ocurre en Itálica donde han aparecido dos termas.


Restos de pinturas en las termas de Munigua

Además de la zona monumental, también ha sido excavada parte de la zona residencial, con cinco o seis casas construidas en piedra y ladrillo donde se observa la estructura típica de la domus romana, con el patio central (impluvium incluido) y las estancias alrededor. No se conservan espectaculares mosaicos como los aparecidos en Itálica, pero sí que es fácil reconocer la trama de las casas y, quizás lo más pedagógico, gracias al reducido número de visitantes, es posible caminar por todo el perímetro de las mismas lo que ayuda a hacerte una idea de cómo eran las viviendas de la gente más pudiente. El estado de conservación es más que aceptable, tal vez por el menor uso turístico y por lo reciente de las excavaciones. Aunque hay noticias de Munigua desde el siglo XVI no será hasta los años 50 del pasado siglo XX cuando el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid lleve a cabo las excavaciones arqueológicas en profundidad junto con estudios más detallados de la ciudad.



Estructura central de un patio

Munigua se asienta sobre una colina y la ciudad se distribuye en terrazas. Para comunicar los diferentes niveles se emplearon rampas y escalinatas, un modelo urbanístico que proviene de Oriente y que se puede observar en enclaves como Pérgamo. A través de estas rampas accedemos al nivel superior al residencial, donde encontramos el foro.


Maqueta de las ruinas de Munigua

Varios son los misterios que rodean a la ciudad de Munigua. ¿Por qué alcanzó tal desarrollo urbanístico una ciudad tan retirada de las rutas comerciales? ¿Por qué se abandonó absolutamente a partir del siglo V d.C.? ¿Cómo pudo una ciudad tan pequeña albergar tal conjunto de edificios monumentales? A algunas de estas preguntas podemos buscarles una cierta lógica. Sin duda Munigua le interesaba al Imperio romano por sus minas y su capacidad para suministrar hierro y metales para las continuas guerras y conquistas, si a ello le añadimos un factor religioso como es el santuario, podemos empezar a comprender su espectacular desarrollo urbanístico. Lo mismo ocurre con su deterioro y progresivo abandono. Con la llegada del Cristianismo, lo que había sido un gran centro de peregrinación pagano pasó a ser poco menos que una aldea en mitad de la nada. Si la gente no acude al santuario, la economía de la ciudad se resiente y los habitantes terminan mudándose en busca de nuevas oportunidades. A pesar de ello, la metamorfosis urbanística del siglo I d.C. nos ha legado una ciudad monumental con una gran cantidad de edificios públicos y religiosos desproporcionados para un municipio tan pequeño. Munigua cuenta con dos templos además del santuario, a los que habría que sumar otros lugares de culto como el erigido en honor a Mercurio, precisamente el dios del comercio. Mercurio era además el encargado de conducir las almas de los fallecidos al Inframundo por lo que también se le puede buscar cierta relación con las minas de hierro excavadas en las entrañas de la tierra.

Altar dedicado a Mercurio, el dios del comercio

En la zona del foro hallamos los principales edificios públicos que conformaban toda urbe romana. En el espacio central, un templo próstilo (con columnas únicamente en su fachada principal) posiblemente dedicado a Júpiter, aparecía rodeado de la curia (Gobierno de la ciudad) a un lado y la Basílica (donde se impartía justicia) al otro. También han aparecido otras estancias que pudieron ser el archivo de la ciudad y un posible lugar de culto a Dis Pater, divinidad relacionada con el Inframundo, por lo que de nuevo aparece esa relación con la minería.

Restos del templo principal del foro de Munigua

En este mismo nivel, junto al edículo dedicado a Mercurio nos encontramos los restos de otros dos edificios monumentales, un gran balcón porticado abierto al foro que se hallaba justo detrás del templete de Mercurio y un edificio con rampas por donde se accedía a la terraza superior y donde se cree que se iniciaba la vía sacra hacia el santuario (a modo de los Propileos de la Acrópolis de Atenas).


Los poderosos contrafuertes y muros de piedra sostienen el segundo de los grandes templos hallados en Munigua y cuya planta se observa perfectamente desde la terraza superior.

Templo del podio, en la terraza superior al foro

Vista del foro de Munigua desde las rampas de acceso al Santuario

Conforme se asciende al Santuario, se puede observar perfectamente la planta de los edificios que aparecen en las terrazas inferiores, como el templo principal del foro, que como vemos en la imagen, se abría al paisaje y a la zona residencial.

Restos del Santuario de Munigua

En el último nivel de la ciudad nos encontramos el gran Santuario que, probablemente, diera sentido a toda la ciudad. La reconstrucción de parte de los muros permite atisbar cómo pudo llegar a ser este gran edificio. En torno a él creció la ciudad y a pesar de que no se conoce a quién estaba dedicado, su relevancia en la zona tuvo que ser importante, convirtiéndose en un lugar de peregrinaje que contribuyó al desarrollo de la ciudad. Construido en la segunda mitad del siglo I d.C., el santuario se asienta sobre estructuras anteriores que fueron demolidas para su construcción y desde él se controla todo el área de influencia de la ciudad. A día de hoy se conservan varios muros de piedra y ladrillo, pero es suficiente para poder imaginar la monumentalidad del Santuario, que estaba rodeado de una serie de dependencia auxiliares, tal vez el propio tesoro del recinto sagrado así como las dependencias donde habitasen los responsables del culto.


Desde el Santuario tenemos unas vistas espectaculares del entorno natural donde se asienta Munigua. Es necesario anotar que a los pies de la colina discurre un riachuelo que, a pesar de no ser ni mucho menos navegable (al menos ahora, hace dos mil años quién sabe) sí pudo abastecer de agua a la ciudad. La ubicación, completamente aislada del mundo contribuye a la idea de ser un gran centro de peregrinación al estilo de los oráculos griegos, un lugar enclavado en plena naturaleza que deslumbraba al peregrino gracias a su cuidado urbanismo y espectacularidad.


Dependencias auxiliares del Santuario

Arcos de medio punto en la cella del Santuario

Munigua se mantuvo habitada hasta el siglo XII, ya en época almohade, seguramente como núcleo minero. Sin embargo, el cambio de civilizaciones, unido a posibles desastres naturales (se ha especulado con algún terremoto) fueron dejando en el olvido una serie de edificios que carecían de sentido para los nuevos habitantes. Poco a poco la ciudad se fue abandonado y sus espectaculares monumentos cayendo en el olvido, derrumbándose sin que nadie los reparase. Hubo que esperar a 1765 para que dos investigadores de la Academia de Buenas Letras sevillana reparasen en las ruinas y las identificaran con un Santuario, en contra de la idea popular de que aquello había sido una fortaleza musulmana (de ahí lo del 'Castillo de Mulva'). Las recientes excavaciones y su puesta en valor han logrado devolver a la vida una ciudad espectacular que no dejará indiferente a nadie. Afortunadamente en España tenemos grandes yacimientos arqueológicos de época romana donde podemos reconocer el típico urbanismo de la época, pero Munigua destaca entre todos ellos por su peculiar distribución en terrazas y su cuidado diseño.




Nos despedimos de Munigua con una última mirada hacia la colina sagrada, no sin antes invitaros a visitar esta maravilla de la arqueología en nuestra provincia. Sin duda el esfuerzo y la caminata necesarios para llegar se ven ampliamente recompensados con la visita. Por último, un pequeño deseo lanzado al aire por si alguien quiere recoger el guante, Munigua tiene mucho potencial y bien se podrían organizar campañas arqueológicas anuales en las que estudiantes y arqueólogos trabajaran para seguir descubriendo los secretos de este increíble yacimiento. El entorno no puede ser más bello y sería una magnífica manera de dar a conocer el yacimiento.



Información sobre el yacimiento aquí y sobre cómo llegar, aquí
Imágenes de reconstrucciones virtuales de Munigua en el Blog de la Asociación Villae Naevae



> Quiero dedicar este reportaje a mi abuelo. Quizás cuando me llevabas de pequeño a Munigua no pensabas en mi formación humanística ni nada por el estilo, pero sin duda el recorrer estas ruinas sembró en mí la pasión por el patrimonio. Gracias.

3 comentarios:

Manuman dijo...

¡Qué bonito reportaje te ha quedado!

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias, Manu!

¡Un saludo!

Guille dijo...

Tenia en mi lista de "pendientes" esta pequeña ruta, pero tras leer el articulo con seguridad que cojo la moto y me acerco este mismo fin de semana. Como dices, es una pena que no se aproveche para impulsar el turismo en la zona, y con un poco de inversion y ganas el potencial que tiene seguro que saldria adelante. Ahi está el ejemplo de Baelo Claudia, algo que tambien sorprende... Gracias por tu publicación.