lunes, 2 de mayo de 2016

Reflexiones sobre arquitectura contemporánea

Antigua sede del Banco de Andalucía


Leía esta semana las noticias sobre la remodelación a la que se va a someter la antigua sede del Banco de Andalucía, en la Avenida de la Constitución para su conversión en un 'hostel' de lujo y no dejaba de pensar en si no estaremos cometiendo los mismos errores que nuestros antepasados de los años 50 y 60. En la segunda mitad del siglo XX se derribaron decenas de edificios en Sevilla al considerarse que no tenían el valor suficiente como para salvarse de la llegada de la modernidad.


El proyecto, auspiciado por Drago Capital y un inversor privado, plantea convertir el edificio de oficinas en un selecto establecimiento hotelero destinado a jóvenes y familias. El 'hostel' contará con 101 habitaciones de unos 25 metros cuadrados donde primará el diseño y el uso de las nuevas tecnologías. Además, habrá diferentes servicios a disposición de los huéspedes como salones de usos múltiples o bar-cafetería mientras que la zona inferior del inmueble, con más de 2.000 metros cuadrados, se remodelará para alquilarlo como superficie comercial.

Antiguo Café París, derribado por su estética modernista en los años 70


Sin duda es una buena noticia que se le dé un uso a un edificio que lleva abandonado varios años desde la absorción del Banco de Andalucía por parte del Banco Popular, sin embargo lo que me apena de la operación es que la fachada del edificio va a ser completamente remodelada eliminando su personalidad actual. Ya han sido varias las voces que se han alegrado por el cambio en un edificio que muchos calificarán como 'feo' mientras que su único delito es ser simple y funcional. Cuando reflexionaba sobre si no estaremos cometiendo los mismos errores que los sevillanos de los años 50 y 60 o, por ir algo más lejos, los que demolieron las puertas de la muralla, me refería a que le hemos declarado la guerra a un estilo que, por contemporáneo, consideramos prescindible y que poco aporta al paisaje de la ciudad. Las voces que piden el derribo de la Gavidia o la reciente noticia de que "ante el mal estado de la estructura del Mercado de la Puerta de la Carne lo mejor es tirarlo y hacerlo nuevo" me recuerdan mucho a algo que ocurrió no hace tanto tiempo, cuando se derribaron edificios modernistas (el Café París) y regionalistas (el palacio de los Sánchez Dalp) por el simple hecho de ser de un período tan reciente que su estética no era valorada.

Puerta de Carmona y acueducto, derribados para favorecer el ensanche de la ciudad


Cuando miro el edificio de la avenida de la Constitución no veo una fachada 'fea', sino una elegante composición donde incluso el arquitecto tuvo la sensibilidad de añadir cierta decoración a la fachada. La ausencia de aparatos de aire acondicionado, de cierres y añadidos, nos permite contemplar el que quizás sea uno de los pocos ejemplos de arquitectura contemporánea sin mácula alguna. Una vez se elimine la fachada para hacerle una nueva, quizás algunos se sentirán aliviados por no tener que ver el edificio tal cual está hoy, otros se preguntarán qué aporta la nueva fachada al entorno (como en el caso del edificio del Corte Inglés de la calle Alfonso XII que recrea la fachada del antiguo Hotel Venecia) y tal vez unos pocos nos preguntemos si no estaremos perdiendo irremediablemente un patrimonio que las generaciones futuras valorarán más que nosotros. Sólo entré una vez en el edificio del Banco de Andalucía, pero creo recordar que el hall interior tenía también cierta decoración y un diseño bastante interesante. Todo eso desaparecerá a partir del verano. Soy consciente de que no podemos proteger cada edificio del centro histórico, pero tal vez sería interesante que antes de demoler, reflexionásemos un poco y del mismo modo que muchos alzarían la voz si se propusiese el derribo del Edificio Telefónica de Plaza Nueva, al menos considerásemos la opción de darle cierto valor al edificio del Banco de Andalucía.

1 comentario:

Boro dijo...

Sin duda, uno de los grandes males de la arquitectura moderna es el maltrato al que se ha visto sometida. Restaurar un edificio antiguo, cambiar maderas, rehacer yeserías o revocos parece lo natural. En un edificio moderno los aires acondicionados en cada ventana, los cerramientos ilegales, la fachada sucia y los metales oxidado para algunas personas forman parte del edificio y no merece la pena su arreglo y si su derribo.