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sábado, 26 de agosto de 2017

Diario de viaje: Madrid, Ávila y Santander

Playa en la Península de la Magdalena, Santander


Viajar enriquece, sobre todo si viajas con los ojos bien abiertos y el corazón dispuesto a empaparte de todo lo que te vayas encontrando en tu camino. Hay viajes en los que buscas la paz y el sosiego de una playa desértica, otros en los que te adentras en la naturaleza hasta fundirte con ella y otros en los que la vertiente urbanita gana peso y lo que realmente te apetece es conocer otras ciudades. Yo soy de este último grupo. Si bien adoro la naturaleza, mis viajes siempre van encaminados a visitar ciudades y la cultura es el plato fuerte de mis itinerarios.


Este verano he tenido la suerte de poder visitar, en apenas tres semanas, varias ciudades españolas. Algunas las revisitaba, a otras volvía después de muchos años y otras las conocía por primera vez. El viaje comenzó en Madrid, siguió en Ávila y Valladolid, llegó hasta Santander y culminó en Barcelona, mi siempre querida Barcelona, en la que he vivido uno de los peores momentos de mi vida debido al terrible atentado de Las Ramblas, una acción que hizo tambalearse todos mis esquemas y que me hizo pensar en la fragilidad de la vida y en cómo el odio es, por desgracia, la pieza que mueve la maquinaria interna del ser humano. Ojalá fuesen el amor, la paz o la solidaridad, pero cuando ocurren cosas como ésta te das cuenta de que es un sentimiento mucho más oscuro el que anida en la propia esencia del ser humano.


'San Sebastián' de Bernini, Museo Thyssen de Madrid

Palacio de Cibeles, Madrid


Comenzaremos nuestro viaje cultural en Madrid, la gran capital que siempre se me ha resistido. Por alguna razón que no alcanzo a comprender es una ciudad que he visitado muy poco y ha sido ahora a mis treinta y pocos años cuando he empezado a disfrutarla más. Supongo que para todo hay un momento en la vida. En este viaje tuve tiempo para conocer el Museo Thyssen, donde un San Sebastián de Bernini me dejó sin aliento y pude ver en directo mi primer cuadro de Franz Marc, artista por el que siento una gran admiración; y el Palacio de Cibeles, reconvertido en Ayuntamiento, un edificio espectacular para los amantes de la arquitectura ecléctica de los arranques del siglo XX. El rebautizado como Centro Centro es tan bello como irreal, con sus vidrieras, sus relieves y sus espectaculares techos. Un Ayuntamiento realmente abierto a la ciudadanía donde puedes pasear con tranquilidad, ver las múltiples exposiciones que acoge y transportarte a una época en la que en España casi todo estaba por hacer y se construían enormes edificios que sirvieran de potente base a un país al que aún le costaba desprenderse del siglo XIX.


Palacio de Cristal del Retiro, Madrid

Palacio de Velázquez del Retiro, Madrid


Cuando vas a Madrid, si lo haces con tiempo, siempre es recomendable un paseo por el Parque del Retiro. Cuando lo hago hay tres puntos que no me puedo perder, la escultura del Ángel caído de Ricardo Bellver y los dos deliciosos pabellones diseñados por Ricardo Velázquez Bosco para sendas exposiciones, el Palacio de Cristal, construido en 1887 con motivo de la Exposición de las Islas Filipinas y el Palacio de Velázquez, culminado en 1883 para la Exposición Nacional de Minería. Se trata de dos elegantes pabellones que ejemplifican a la perfección la arquitectura de exposiciones que se hacía en la segunda mitad del siglo XIX y que se extendió hasta principios del XX. El uso del hierro y el cristal les confiere una belleza y una esbeltez que, en el caso del de Velázquez, contrasta con la solidez del ladrillo y la cerámica. Actualmente ambos están adscritos al Museo Reina Sofía y en ellos se organizan exposiciones de arte contemporáneo creadas específicamente para estos espacios de acceso gratuito. Es una forma de abrir el museo a la ciudadanía y de generar un encuentro entre ésta y el arte contemporáneo. A la mente se me vino nuestro Pabellón Real del Parque de María Luisa y una posible solución para un edificio de escasas dimensiones que ahora mismo está siendo restaurado con el fin de darle, en el futuro, un incierto uso cultural. ¿Qué tal destinar el Pabellón a exposiciones temporales de arte contemporáneo creadas específicamente para ese edificio? De este modo se le dotaría de uso, se apostaría por la creación contemporánea y se abriría un nuevo atractivo cultural en el Parque, precisamente junto a dos grandes museos como son el Arqueológico y el de Costumbres Populares. Ahí lanzo la idea, a ver si alguien recoge el guante.


La muralla de Ávila y la excelente reurbanización del entorno

Paseo de ronda de la muralla de Ávila


De Madrid me fui a Ávila, la encantadora ciudad amurallada que ha sabido guardar su esencia en su casco histórico como pocas ciudades lo han hecho. La visita a la muralla de Ávila ha sido una de las grandes experiencias de este viaje. Por cinco euros puedes recorrer, audioguía en mano, gran parte del perímetro amurallado de la ciudad por su antiguo paseo de ronda, admirando los principales monumentos abulenses desde las alturas. Ávila ha sabido aprovechar su patrimonio como principal fuente de riqueza y lo ha hecho sin estridencias y sin aglomeraciones. La visita a Ávila es de lo más agradable y sorprende el mimo con el que se cuida su muralla. Precisamente mientras visitaba esta ciudad me llegaba por twitter la noticia de la caída de una rama sobre la muralla medieval sevillana y cómo el accidente había derribado uno de los merlones de la misma. La situación de nuestra cerca islámica es vergonzante pero lo es aún más cuando visitas otras ciudades con murallas y ves el mimo con el que las cuidan. Tampoco puedo dejar de recomendar la visita a la Catedral abulense, que está considerada como la primera gran catedral gótica de España. Su potente y robusta girola de piedra veteada en rojo es una auténtica maravilla que contrasta con una luminosa nave principal en la que las vidrieras permiten que la luz penetre con fuerza en esta fortaleza espiritual.


Zona de la girola de la Catedral de Ávila

Nave gótica de la Catedral de Ávila


El viaje prosiguió en Valladolid, la gran sorpresa de este itinerario y que por lo tanto se merece un post propio. Santander fue el punto más alto al que llegué antes de buscar tierras catalanas. En Santander estuve cuando tenía apenas dos años y por alguna razón había mitificado la ciudad cántabra. Tenía muchas (muchas) ganas de conocerla, un deseo que aumentó con la emisión de la serie Gran Hotel, rodada en parte en el Palacio de la Magdalena, y que estalló con la inauguración del Centro Botín. Ahora sí que sí, tenía que ir a Santander. Lamentablemente la ciudad me dejó un sabor agridulce, no sé si fue el clima (agradecí el frío, pero la lluvia y las nubes me acompañaron los tres días que estuve allí) o qué pero algo no me terminaba de convencer. Espectacular el Palacio de la Magdalena con su arquitectura de cuento de hadas (insisto, la arquitectura ecléctica es mi perdición) donde me encontré varios pavimentos de mosaicos Nolla en sus terrazas exteriores en los que me faltó tumbarme a lo American Beauty para hacerme fotos en ellos. Por supuesto no faltó la foto en la terraza en la que los dos protagonistas de Gran Hotel hablaron por primera vez. Todos tenemos nuestro punto friki, ¿no?


Palacio de la Magdalena de Santander

Pavimentos de mosaicos Nolla en las terrazas exteriores del Palacio de la Magdalena


Lamentablemente el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander estaba cerrado por obras, así que mi única experiencia museística en la capital cántabra fue el Centro Botín. El edificio de Renzo Piano es sencillamente espectacular, tanto arquitectónica como simbólicamente; cómo se abre a la bahía y a la ciudad al mismo tiempo, cómo parece tan ligero y contundente a la vez, un espacio que desde fuera parece pequeño pero que una vez dentro te llega a sorprender por sus dimensiones. Sí que es cierto que tuve la sensación de que no está preparado para recibir muchas visitas, es un equipamiento relativamente pequeño que ha generado una gran expectación y que se queda corto ante las aglomeraciones que se agolpan en las puertas de acceso. Supongo que es algo fruto de la novedad y que conforme pase el tiempo irá encontrando su flujo normal de visitantes. Actualmente el Centro acoge tres exposiciones, una de la colección propia de la Fundación Botín, otra de dibujos de Goya y una tercera de Carsten Höller. Ésta última es una de esas exposiciones en las que te sientes un poco extraño. Desde que entras en la sala entras en el juego del artista, con sus instalaciones lumínicas y sus juegos de espejos. Realmente disfrutas como un niño pequeño y te preguntas si hay algo que estás haciendo mal. "Estoy disfrutando y jugando en una exposición de arte contemporáneo, ¿será que no la estoy entendiendo?" Pero ése el objetivo de Höller, que interactúes con las piezas, que el visitante sea una parte activa en la exposición y se introduzca (literalmente) en las piezas.


Centro Botín de Santander

El Centro Botín y la bahía de Santander


Las vistas desde el Centro Botín hacia el exterior suponen un oasis visual que te permite despejar la cabeza antes de seguir con las exposiciones. Vistas al mar, a los jardines de Pereda y vuelta a la exposición. Santander ha ganado una gran obra arquitectónica que se asienta como un guante en su frente marítimo, con sus miles de piezas cerámicas que, imagino, reflejarán la luz de una forma especial cuando el sol se atreva a bañar sus paredes. La intervención arquitectónica ha ido acompañada de la ampliación y remodelación de los Jardines de Pereda y de la instalación de cinco fuentes de mi admirada Cristina Iglesias, artista por la que siento especial interés. Sus fuentes pozo esparcidas por los alrededores del Centro Botín son una versión en miniatura de las fuentes que tiene repartidas por diferentes ciudades del mundo. Lamentablemente estaban apagadas cuando fui y no pude verlas en funcionamiento.


El dique Gamazo de Santander


Cierro la visita a Santander con dos leves pinceladas. La primera alabar el frente marítimo de la ciudad por el que es una delicia pasear encontrándote elementos tan llamativos como el Dique Gamazo, un antiguo astillero cuya construcción se dilató entre 1884 y 1908. Sus robustos sillares me recordaron en seguida a la primera escena de la película de Los Miserables e inmediatamente mi cabeza asoció la banda sonora de este musical a la ciudad de Santander (me pasé dos días tarareando las canciones). Lo segundo es llamar la atención sobre la facilidad con que algunas ciudades generan una marca en torno a sus equipamientos culturales. Málaga lo ha hecho con su 'capital de los museos' y Santander ha creado el 'Anillo cultural', un emblema que engloba varios espacios en torno a los Jardines de Pereda. Lo llamativo, al menos para mí, es que estas marcas se pueden convertir en fuente de frustración cuando te das cuenta de que detrás de ellas hay poco más que un nombre. El 'Anillo cultural' de Santander está formado por el Centro Botín, la Catedral, el Museo de Prehistoria, una ruta en torno al incendio que asoló y destruyó parte del centro histórico santanderino en 1941, tres yacimientos arqueológicos y el antiguo edificio del Banco de España, futura subsede del Museo Reina Sofía. De los ocho componentes de este anillo cultural uno es un proyecto sin fecha de ejecución, otro es una ruta y para visitar los tres yacimientos arqueológicos hace falta llamar con antelación por teléfono, por lo que una vez allí resulta imposible (lo intenté) conseguir una visita. 


El Anillo Cultural de Santander, la nueva imagen cultural de la ciudad


De Santander me quedo con su paseo marítimo, su playa del Sardinero, sus espectaculares paisajes y la sensación de que, culturalmente, el Centro Botín puede suponer un fuerte empujón para afrontar una nueva etapa a nivel de ciudad. De Ávila, su muralla, sus edificios de piedra, su bellísima catedral en la que debes detenerte a contemplar sus magníficos relieves. Madrid, es Madrid, una ciudad en constante ebullición que siempre tiene algo nuevo que ofrecerte y que vas descubriendo poco a poco, sin prisas, paseando. La próxima parada en nuestro viaje será Valladolid, pero para eso habrá que esperar a otro post porque la ciudad castellana se ha ganado mi corazón.

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