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lunes, 28 de agosto de 2017

Diario de viaje: Valladolid

Casa Consistorial de Valladolid


Cuando viajé por primera vez a Valencia tuve un flechazo con esa ciudad, me impresionó muy gratamente y después he vuelto en varias ocasiones para conocerla mejor. No iba con ninguna idea preconcebida y supo ganarse mi corazón. Algo similar me ha ocurrido con Valladolid, una ciudad que todo el mundo ubica pero a la que nunca me había planteado viajar. Hasta que conocí a alguien de allí en un festival de música hace dos años que me ha insistido una y otra vez en que tenía que ir a hacerle una visita. Parafraseando a Julio César (ya que citas, lo haces a lo grande) fui, vi y caí rendido a los pies de una ciudad que me ha parecido sencillamente encantadora.



Iglesia de San Pablo


Valladolid tiene historia, mucha historia. Y cuando vas con alguien que te va contando todos sus encantos y secretos la ves con otros ojos. "Desde ese balcón se asomaron los Reyes Católicos después de casarse", "por esa ventana de ahí fue sacado un recién nacido Felipe II para ser bautizado en la iglesia de San Pablo y no en otra parroquia". Pero es que además Valladolid es una ciudad acogedora cuyo centro histórico me ha resultado de lo más elegante y equilibrado. Como en toda ciudad histórica se notan las heridas del paso del tiempo, algo en lo que también incidió mi guía particular al enumerarme los edificios que habían sido destruidos y el patrimonio perdido, pero a ojos de un foráneo esas heridas quedan más que cicatrizadas al encontrarte con la colosal fachada de la iglesia de San Pablo, la Universidad o las múltiples iglesias que jalonan las calles en las que lo mismo te encuentras una torre románica que una soberbia portada tardogótica. 


Fachada del Colegio de San Gregorio, sede del Museo Nacional de Escultura

Patio principal del Colegio de San Gregorio


La primera razón para visitar Valladolid fue la amistad, pero la segunda fue la exposición 'Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana', organizada en pleno verano por el Museo Nacional de Escultura. La exposición es francamente maravillosa pero el Museo es una auténtica delicia. Ubicado en el antiguo Colegio de San Gregorio, con su preciosa portada y su espectacular patio (se me van a acabar los adjetivos hablando de Valladolid), el Museo Nacional de Escultura es una de esas experiencias que todo amante del arte debe vivir. La colección empieza por la etapa medieval para, de repente y sin anestesia, enfrentarte al soberbio patio de finales del siglo XV en el que, sencillamente, podría haberme quedado a vivir. Cuando entré en las salas dedicadas al Renacimiento y me encontré con el San Sebastián de Alonso de Berruguete tengo que reconocer que me emocioné. De entre las piezas barrocas tengo que destacar, no sé por qué, el Bautismo de Cristo de Gregorio Fernández, quizá porque no lo había visto en mi vida y me sorprendió la dulzura de los rostros y la magnífica composición de la escena. Cuando iba a pasar a la siguiente sala sentí la necesidad de regresar sobre mis pasos para verlo de nuevo y retener en mi memoria tanta belleza.


'San Sebastián', Alonso de Berruguete (hacia 1530)

Detalle del 'Bautismo de Cristo', Gregorio Fernández (1624-1628)


El Museo Nacional de Escultura consta de tres sedes, la principal del Colegio de San Gregorio, otro edificio en frente donde se ubican las exposiciones temporales y una tercera en la cercana Casa del Sol, donde se expone la colección de vaciados en yeso de obras emblemáticas de la Historia del Arte como el 'Galo moribundo' o el 'Ares Ludovisi', por citar sólo dos de ellas. El montaje de este último espacio me sorprendió muy gratamente y me pareció un gran referente para una futura exposición de la colección de vaciados que atesora la Universidad de Sevilla, hoy en día colocados en una de las galerías de la Facultad de Geografía e Historia.


Casa del Sol, sede de la colección de vaciados del Museo Nacional de Escultura

Entrada principal del Museo Patio Herreriano


Otro de los museos de referencia nacional que tiene sede en Valladolid es el Patio Herreriano, dedicado a arte contemporáneo español. El museo toma su nombre del claustro renacentista sobre el que se asienta, herencia arquitectónica del Monasterio de San Benito que sirve de núcleo vertebrador del espacio museístico. El centro cuenta con colección permanente pero también acoge varias exposiciones temporales simultáneas, lo que lo convierte en un punto de gran atractivo cultural. No puedo dejar pasar la oportunidad de decir que el Museo Patio Herreriano es de gestión municipal, que en pleno verano cuenta con hasta cuatro o cinco exposiciones temporales y que abre sus puertas de martes a domingo en horario de mañana y tarde. Lo digo por aquellos que presumen de oferta expositiva veraniega "de primer nivel" en Sevilla. Sorprendente el espacio de la antigua capilla donde se exponen ahora mismo dos enormes esculturas de Antonio López o el delicado Homenaje a Chagall del escultor Pablo Gargallo.


Esculturas de Antonio López

Detalle del 'Homenaje a Chagall', obra de Pablo Gargallo (1933)


Valladolid cuenta con tres casas museo, la de Colón, la de Cervantes y la de Zorrilla. Nunca me han llamado especialmente la atención este tipo de reclamos culturales, pero ante el anuncio de la compra de la Casa de Luis Cernuda en Sevilla quise ver cómo otras ciudades muestran este tipo de equipamientos. Al margen del interés que pueda suscitar conocer el espacio donde vivieron determinados personajes como Cervantes o Zorrilla sin duda se hace muy necesario completar la visita con un buen número de actividades culturales para mantener vivo el espacio. En el caso de la Casa de Zorrilla durante todo el verano se organizan actividades culturales en su agradable jardín y la de Cervantes también tiene una variada agenda cultural de carácter anual además de ser un centro de estudio de la obra del escritor.


Casa de Cervantes
Monumento a Colón, de Antonio Susillo (1891)


He querido dejar para el final uno de los lugares que tenía señalados en el mapa como imprescindible en mi visita a Valladolid. Camino de la estación se encuentra el colosal monumento a Cristóbal Colón realizado por nuestro escultor Antonio Susillo en la segunda mitad del siglo XIX. Este conjunto escultórico en el que la Fe guía a Colón en su periplo al nuevo mundo, fue realizado para La Habana pero tras la independencia de Cuba recaló en Valladolid donde se instala en 1905. Ya sabéis que Susillo es uno de mis escultores preferidos, por lo que siempre es agradable conocer más obras suyas, sobre todo sin son de la monumentalidad y calidad de ésta. 


Iglesia de Santa María de la Antigua (siglos XII -XIV)


Valladolid es una ciudad que me ha sorprendido. Sus calles porticadas, sus edificios, su historia, su vida a pesar de haberla visitado en pleno mes de agosto. Toda una experiencia que espero volver a vivir y que os recomiendo. ¡Ah! Y si sois tan frikis como yo, no olvidéis cruzar el Pisuerga para ver la 'Cúpula del Milenio', uno de los pabellones de la Exposición del Agua de Zaragoza que fue comprado por el Ayuntamiento de Valladolid y donde se celebran actividades culturales.



>> Gracias María por la acogida y las explicaciones de tu maravillosa ciudad. Cuando alguien ama el lugar en el que vive y habla de él con tantísimo respeto y admiración logra transmitir esa magia al que escucha.

4 comentarios:

blog el paseante vallisoletano Andrés Esgueva dijo...

Creo que los viajes deben servir para el conocimiento y, sobre todo, para las aproximaciones. Un primer vistazo, no solo al marco de una ciudad o un paisaje sino a los mismos ciudadanos, abre puertas para el retorno. Observar los parecidos y las diferencias con lo que vivimos habitualmente es siempre motivo de placer y de comprensión. Así que si la estancia vallisoletana os fue grata también para uno de aquí que te lee le repercute y lo aprecia.

Gracias por tu relato y las fotografía. Un saludo cordial.

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Desde luego la primera impresión de Valladolid ha sido tan grata que volveré :)

¡Un saludo!

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Valladolid es mi ciudad, presumo de vallisoletana aunque mi corazon es Sevillano. Gracias por tratarla con tanto cariño y respeto.

Sergio Harillo dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Mª Ángeles :)

¡Un saludo!